martes, 4 de diciembre de 2012

Soledad

Cuando la soledad avanza, la oscuridad penetra y nos encontramos con todos nuestros temores, nuestros miedos, nuestros prejuicios, ahí, ahí es cuando hay que temer de nosotros mismos. Cuando la oscuridad abarca todo lo que más queremos y nos encontramos con nuestro verdadero ser, ahí es cuando hay que correr. Somos capaces de tantas cosas, pero no nos damos cuenta. Con una palabra podemos lastimar a mucha gente, pero no lo tomamos en cuenta. No nos damos cuenta de todo lo que podemos ser, que lo que mostramos al otro es lo que nos ocultamos a nosotros mismos cuando nuestra propia oscuridad nos atrapa en un sin fin de pesadillas, mareos, miedos, mentiras. Le tememos a los otros, a los monstruos inexistentes, pero no nos damos cuenta de que todos nuestros miedos, nuestros monstruos, somos nosotros mismos cuando ya no sabemos que hacer, cuando perdemos el control. Nuestra cordura pende de un hilo, y no muy estable. Hay que saber afrontar los miedos, la oscuridad, nuestra oscuridad. Por eso dependemos de alguien que nos mantenga atentos, con los pies en la tierra, alguien que nos haga abrir la cabeza, a no perder el control, que esté ahí por si nos caemos , para tendernos una mano. Eso es lo que realmente buscamos, alguien que nos mantenga despiertos a tal locura, a tal oscuridad, a tal soledad.