jueves, 25 de septiembre de 2014

Jueves 25. Afuera llueve, y pareciera que adentro también.

Tarde nublada, cómo su cara.
Le pareció verlo, entre tantas cabezas, entre tantos paraguas. Y como si fuera de película, en su reproductor sonó aquella canción que tanto aborrecía, porque le recordaba a su olor, a sus caricias, sus besos. Ese tema era todo lo que habían creado, era su pasado, lo que había quedado después de tanta tormenta.
Le pareció verlo, no sabía si era él porque no se atrevió a mirar. Una mirada la clavo a la mitad, pero quizás ni era él, sólo un transeúnte más, con los mismos misterios que ella, o quizás todo lo contrario.
Ni en la esquina se atrevió a darse vuelta. Un montón de preguntas la persiguieron hasta la noche.
Con su Parliament en la mano, con una última seca se preguntó: ¿Y si era él?, ¿Si me daba vuelta qué pasaba?. Se largó a llorar y la lluvia también, sobre su escritorio, agarrandose la cabeza, se mordió los labios, envuelta en tanta pusilanimidad, las lágrimas caían.
La lluvia paró, se prendio otro cigarrillo y puso música.
Confundida en tantos pensamientos, dejó de llorar, se secó las lágrimas y asumió que no era él, y que si hubiese sido él, se preguntó, qué hubiera hecho, ¿le iba a hablar?, ¿lo saludaría?.
Volvieron las preguntas, una lágrima más cayó, apago el pucho que no llevaba ni la mitad de consumido.
No podía hacer nada, y si pudiera volver el tiempo atrás, hubiera reaccionado igual, cobardía quizás.