lunes, 27 de octubre de 2014

Ahí estaba ella, mirándome solamente a mi.
Con tanta gente al rededor, sólo mirándome a mi.
Con esos ojos marrones.
Esa mirada penetrante,
Que podía hacerme matar, a mi propio padre, si así ella quisiera.
Pero algo paso, ya no me estaba mirando a mi.
Sino a quién estaba atrás mío.
 Quizá, el que tuvo el valor de darle lo que yo carecía.
 Lo miraba,
Lo miraba como me miraba hacía meses atrá. 
En ese momento entendí que todo había cambiado,
Y ella no era esa persona que solía conocer.
Ni yo ese hombre con tanto valor de arrancarle la ropa donde estuviésemos.
Habíamos cambiado.
Pero no para nosotros.
Si no para mirar a alguien más,
De la misma manera en la que nos mirabamos, 
O quizás mas fuerte aún.
 La extrañaba , pero ya se había ido,
con ese ser que no llegué a reconocer.