domingo, 22 de marzo de 2015

Frenando caídas con los codos

Cuando el camino se torna intenso, dejando a relucir su lado oscuro, poniéndote piedras en el camino, hay que aprender a saltar o aprender a hacer menos doloroso el golpe, con las manos adelante, raspando la sensibilidad, dejando a la vista lo que tenemos abajo de nuestra carcaza, sin revelar mucho, reluciendo de lo que estamos hechos, sabiendo ponerse de pie, sacudirse las manos y el pantalón, aceptar que un tropezón no es caída.
Habiendo una instancia en que el trayecto sólo tenga pozos y neblina, tener el coraje de poder seguir adelante, con la cabeza en alto y las manos fuera del bolsillo para no caer con la cara, siendo eso es lo peor que puede pasarte, no lograr sostenerte, viendo que un "esta todo bien, sólo me lastimé" no se vuelva un llanto acompañado de un "no me puedo levantar" sin querer descubrir qué hay después de esas piedras y oscuridad.
Siempre es más fácil parar y abandonar, decir "hasta acá llegué, te dejo sola el resto del camino, yo no puedo más" Intentar no morder el polvo y si lo llegas a hacer lo caminado hasta entonces, las lastimaduras son para aprender, y de ser que lo qué quieras es seguir, el truco esta en no sentir la herida arder, porque por más roto que llegues al final, las caricias que sanan heridas son las más lindas, o eso me contaron..