sábado, 21 de marzo de 2015

Sofia (1)

Día agitado, un día con mucho calor y exaltación, una noche fría, con olor a tierra mojada.
La lluvia se acerca y quizás por eso me siento así, tan caída, con pensamientos poco cuerdos.
La música logró sonar más fuerte que los problemas. Pero no por mucho.
Un perfume invadió mi cuarto, y en el piso yace durmiendo tu latente, pero no vivo, cuerpo. Ya no recuerdo qué fue lo que pasó, cierro los ojos y me despierto en un diván, encerrada en un cuarto lleno de sentimientos, olores, cosas que nunca aceptaria, conmigo misma, dentro tuyo.
Me pregunto ¿cómo carajo aparecí acá?, ¿dónde estas? Tantas cosas por preguntar y sólo me interesa saber cómo estas, pero antes de encontrarte, antes de siquiera escucharte, te volví a perder, porque sos mi karma, porque siempre volves para encaminarme o por diversión marearme, porque te odio y me duele aceptar que te odio tanto que te amo, porque soy así, porque un día decido yo perderme, y al otro, vos te perdiste, porque el día que coincidamos en día y lugar, todo se va a acabar, porque tenemos la necesidad de respirar el mismo aire de la misma habitación una vez más, para matarnos, ¿para olvidarnos?..

Sofia tiro la lapicera, dejó de escribir, arrancó la hoja y la quemó. Porque prefería creer, que la esencia de sus palabras le llegarían en forma de brisa, de susurro, para que siempre, siempre se acordara de ella. Siempre tan cercana y lejana a la vez.