lunes, 20 de abril de 2015

Después de que me despidieras tantas veces,
hoy te puedo despedir yo a vos.
Dejé la mochila en un banco,
y no volví a buscarla.

Dejé de escribirte, hace muchos años.
Pero este texto nace de la necesidad de dejarte en mi pasado.

Este texto me lo escribo para mí,
o me arriesgaría a aceptar,
que es para ese vos que conocí,
pero que no es aquél que no va a leer esto,
para ese vos que quedó atrapado en mí.

Quiero agradecerte,
y perdonar,
por lo que no fuiste capaz.

Te despido con una mano en el corazón,
que un día te llevaste,
y volvió fisurado.

Te despido con el pecho emparchado,
y de la otra mano
quién me estuvo curando.

Te despido con la última carta en la nariz,
intentando descifrar si tiene olor a algo.

Te despido con la mejor de mis sonrisas,
intentando imitar lo que antes había.

Arriba del tren,
tu danza alejándose,
una vez más,
pero ya no miro hacía atrás.