jueves, 2 de abril de 2015

Sofia (2)

Cómodamente perdida en el diván,
le contaba sobre sus miedos a un desconocido.
Le contó sobro cuanto lo extrañaba, aquellos días del mes, en que su nombre revolvía cajones.
De cómo cada canción lograba hacerle acordar, cosas qué ya había olvidado.
Le contó sobre su perfume y de su pelo.
Un par de lágrimas cayeron,
las secó y siguió hablando.
Sin interrupciones, habló y habló.
Miró hacía la ventana, estaba lloviendo.
El discurso cambió totalmente,
habló sobre lo que le dolía,
de cómo en un momento,
los besos ya no solucionaban nada.
Le contó sobre que ya no la abrazaba al dormir,
le explicó que cómo se sentía cuando le daba igual, verla o no.
Ya no existía la exaltación de verse a cualquier hora.

El tiempo pasaba y ya no se preguntaban cómo estaban.
Habló de las mentiras, le contó de las excusas.
Lloró sin cesar, volvió a sentir ese frío,
ese mismo frío que un día la congeló.
El mismo que los separó.
Gritó lo imposible que se le hizo seguir.
Gritó lo que nunca se animó a decir.
Se calmó, y sólo recordó su último recuerdo,
ese,
ese mismo que a veces la destapa,
ese comentario absurdo que dijo un día sin pensar.
Y la desequilibro.
La dejó muda.
Porque ese mismo recuerdo,
la hizo recordar,
de lo mal que estaba,
y de lo bien que está ahora.
Reaccionó,
el nudo en la garganta se le desató.
Se dió cuenta de que era sólo eso,
un lindo recuerdo, que la lluvia estropeo.
Algo a lo que siempre recurre, para no volver a tropezar,
para no volver a saltar en el charco.
Lo que la hace ser lo que es, ahora.
Entendió muchas cosas.
Respondió preguntas,
las cuales nunca había podido responder.
Dejó de escribir sobre él con comas,
empezó a colocar puntos.

Sofía ya no se acordaba de su sonrísa, ni de sus mañas, lo olvidó. Se volvió fría, se rehusó a estar mejor, creyó que sólo él, podía devolverle el color. No logró volver a ser ella, no volvió a escribir, ni cantar, se vacío. Las dudas la hacían despertar para buscar las respuestas. Una vez respondidas, se aburrió, y de pastillas se llenó, el corazón y el alma, que un día calor exhalaban.