lunes, 13 de abril de 2015

Vos y yo, nuestras miserias y esta noche por delante amor


*
Sus caricias calmaban el ardor de mis heridas. Sus labios, intangibles. Sus abrazos, impetuosos.
Creó para mi, una flor inmarcesible, su perfume era etéreo, al igual que sus besos.
Logró cautivarme, hacerme perder por completo. Encontrándome en un vaivén de emociones, dentro mío.
Tumbada en su hombro, interesante su respiración, perdido en lo más recóndito de su inconsciente, inmóvil, seduciendo con su sonrisa a la nada. Cierro los ojos, intentando abandonarme arriba suyo, controlando mi respiración, enredándome en él, con él. Inútil intentar conciliar el sueño, teniendo al lado tal ser lleno de enigmas. "¿Con qué soñará?" "¿Pensará en mi tanto como yo en él?".
Sus ojos, cómo dos grandes ventanales. Sus parpados cerrados, sin dejar descubrir el paraíso que había tras ellos. Se despertó, o quizás nunca lo había estado. Me besó, entreabrió los ojos y dejó a relucir una mínima parte de su edén, en cuanto nuestros labios se alejaron, dejó esbozar una pequeña sonrisa, y hasta quizás un murmullo que escondía un "te quiero".
Las horas parecían efímeras cuando estaba con él, y perpetua era la soledad lejos de su esencia. Se había convertido en mi mejor melodía, en el deseo que imploraba con toda mi energía, cada vez que un tren pasaba.
El tiempo pasaba y me estaba enamorando, no creía que podía volverlo a hacer. Formando parte de mi presente, caminando por el mismo trayecto.
Frené y grité ¿qué hiciste conmigo? pero la pregunta real era ¿cómo te dejé entrar?.
Siempre intentando echarle la culpa a alguien más, pocas veces asumiendo, que la mitad de nuestros problemas empiezan por uno. Buscando boicotearme. Intentando dejar a los fantasmas de un pasado un poco doloroso atrás, ignorando a mis propios demonios que salen a dar vueltas por la habitación en plena luz del día. Queriendo cambiar los errores del ayer, pero sin dejar de crear otros, aprendiendo.
Adentro de la cama, tapados hasta la cabeza, con tus brazos rodeándome por la cintura y la cadera, agarrándote los codos, sin ejercer demasiada presión, la justa y necesaria. Sintiendo tus latidos en mi espalda y tus labios rozando mi cuello, con la cabeza apoyada en la almohada, intentando despegar el pensar del sentir, yaciendo, sólo estando, respirando, viviendo, disfrutando, sintiendo.
Nos dormimos,
perdimos conciencia de nuestro alrededor,
y en ese sueño nos encontramos.
Cómo si no hubiese algo mejor, soñando estar juntos y despertando estándolo.