martes, 2 de junio de 2015

¿Estar solo es ni siquiera tenerse a uno mismo?

Porque es muy fácil decir "estoy confundida" pero peor es saber lo que te hace bien y lo que no, saber qué camino elegir pero no cómo afrontarlo, porque en cada camino siempre que tenes que dejar a alguien atrás, nunca vas a caminar con las mismas personas. Pero, el tema está en arriesgarse, en entender qué si no vagan por la misma vereda, ¿de qué sirve? si las calles son paralelas, en ningún momento se podrían encontrar, (obviando que alguno decida cruzar).
Pero lo que entusiasma y a la vez aterroriza, es la pura posibilidad, ya sea de seguir caminando o en optar el momento adecuado para detenerse y elegir. Quedarse en lo cómodo, en lo establecido, o romper con esa barrera, poniendo en riesgo la seguridad que nos provoca la compañía; la soledad, el tener tiempo para pensar demasiado, eso es lo que nos asusta, ese miedo qué todos conllevamos adentro.
La soledad, la presión, ese agobio que sentís en el pecho, la aflicción de necesitar algo y no saber distinguir qué, o en cambio, nada te haga sentir un poco mejor. La tristeza reflejada en angustia o mismo enojo con uno mismo, hasta con todos. La soledad, el producto de encontrarse con uno, de pensar, reaccionar en qué cosas estuvimos mal, sobre cuales otras  no vamos a poder cambiar.
Ya empujamos la ficha, están cayendo una tras otra, pero no sobre el piso, sino sobre nuestra cabeza. Aunque lo pésimo qué te podría ocurrir es sentir todo esto, estando al lado de otra persona, ese poder de hacerte sentir pequeño, asfixiado, eso, eso el peor qué te puede pasar.
Porque hablar de espacio es distinto de la soledad, el espacio lo puede tener uno solo, o hasta lo puede compartir con alguien más, y cuando logras compartir ese espacio, ahí es cuando ya no hay mucho más qué preguntar.